El Huesca regresa a Primera División y el Deportivo observa de cerca la Segunda B

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“Volveremos, volveremos, volveremos otra vez. Volveremos a Primera, volveremos otra vez“. Aquel 6 de mayo del añorado 2019, El Alcoraz reforzaba al unísono la fe y la unidad que jamás perdió, por tortuosa que fuera la primera experiencia de la Sociedad Deportiva Huesca en Primera División. No hace falta refrescar demasiado la memoria: una planificación deportiva desastrosa hasta diciembre, con un extremadamente novato Leo Franco al frente, una buena reconstrucción en enero segada por lesiones de gravedad, mazazos en forma de gol en contra en demasiados descuentos… Y, para colmo, el día del descenso matemático se plantó el Valencia, piadoso enterrador pese a todo, y asestó seis puñaladas en el corazón que acabaron con el leve pulso que todavía le restaba al club azulgrana.

“Volveremos…”. Había en ese cántico más fe que determinación. Nadie habría esperado jamás al Huesca en Primera, así que el sentido común llevaba a pensar que esa histórica temporada había sido un regalo que jamás volvería a repetirse, no al menos a corto plazo. ¿Volveremos? Poco importaba en ese momento, pues pese a todo pesaba más al agradecimiento por el sueño vivido, la construcción de una identidad con la que aglutinar deportiva y emocionalmente a toda la provincia.

Pero resultó que sí, que el “volveremos” era algo más que una conjura colectiva en forma de brindis al sol. Tan real era que el Huesca, 14 meses después del mazazo, regresa a Primera, en esta ocasión, maldita sea, sin nadie que pueda festejarlo en El Alcoraz. Habrá tiempo de hacerlo, claro, en concreto 38 jornadas a partir de septiembre. Lo irrepetible se repitió. Ganó el conjunto de Míchel Sánchez al Numancia y no pudieron hacerlo ni el Almería ni el Zaragoza, dibujando a falta de una jornada para el final la pasarela de plata hacia Primera. ¿Volveremos? Y tanto que sí.